miércoles, 16 de septiembre de 2009

Te puedo contar las historias de mi infancia , acompañadas de un café matutino y el sonido del ir y venir de la gente caminando. Contarte desde el día que mi maestra de kínder me sonrió y me dijo que le gustaría tener una hija como yo, hasta el día que mi boca se embriagó de la bendición de recibir por vez primera la ostia.

O

Te puedo contar los lunares de tu espalda, acompañada de un tequila vespertino y el sonido de los grillos escondidos en la mesita de noche. Contarte desde el cuello , escalando en el omoplato y descansando en las costilllas, hasta llegar al lugar donde me detienes, te giras y , no por vez primera, en mi boca tu boca embriagas.

2 comentarios:

MB dijo...

Me quedo con contarle los lunares de la espalda jaja
buen post btw

Anónimo dijo...

i like it

Contarte desde el día que mi maestra de kínder me sonrió y me dijo que le gustaría tener una hija como yo, hasta el día que mi boca se embriagó de la bendición de recibir por vez primera la ostia.

i like it